33. TEOLOGÍA DE LA CRUZ
El pueblo de Valdepeñas centró su devoción en el Santísimo Cristo de Chircales, como la habían hecho los ermitaños a finales del siglo XVI. Ello tiene también su explicación histórica. La cruz, como símbolo del triunfo de Cristo sobre la muerte y signo de redención, estuvo siempre presente en la conciencia cristiana. Para Constantino, su victoria bajo el signo de la cruz, era símbolo de poder y gloria.
En los primeros siglos el crucifijo era una simple cruz sin Cristo.
A partir del siglo X comienza a nacer una fuerte devoción a la figura de Jesús bajo los atributos de su pasión redentora.
En la cruz, hasta ahora desnuda y de madera, empieza a configurarse la figura de Jesús, crucificado en la cruz.
La cruz es la estrella que ilumina y el talismán que acompaña al hombre en el peregrinar. Los cruzados llevan la cruz, los artistas diseñan cruces pequeñas portadas en el pecho de los devotos, las grandes cruces o las tallas de los crucificados ocupan los frontispicios de los templos.
En el pórtico gótico de la catedral de Reims aparece por primera vez el calvario. Frente al Cristo presentado como juez, a partir del siglo XIII aparece un Cristo crucificado, humilde y sufriente.
Los pintores, en un gran alarde de imaginación y de arte van a plasmar en sus lienzos, los Cristos crucificados. Ya no los diseñan en la soledad de su muerte. Ahora están acompañados, de María y de Juan, de unas piadosas mujeres, que lo acompañan en su agonía. Agonía que es serena, dulce, sin estertores, Con una gran dignidad.
La pasión y muerte del Señor son el centro de toda la vida del pueblo andaluz.
La teología medieval trasformo la cruz en signo ornamental. La cruz, sin Cristo, es un aditamento de gloria y de triunfo, la llevan los cruzados en su lucha, las damas en sus pechos, y corona las torres de nuestras iglesias y catedrales.
A finales del siglo catorce comienza a aparecer la representación de la pasión del Señor en el teatro religioso.
Nace una devoción a la pasión de Jesús. Surge el fenómeno de las cofradías de flagelantes, que quieren identificarse con el Cristo sufriente.
En el museo de Amberes se conserva el Calvario del maestro Hendrik van Rijn (1363) en el que aparece un maravilloso Cristo crucificado, acompañado por su madre y San Juan y de rodillas una persona suplicante, que tal vez fuera el mismo pintor, como sucede en la imagen de nuestro Cristo.
Es maravillosa la representación de la pasión de Antonello da Messina (1414‑1479) en la que aparece un Cristo crucificado con una gran dignidad y a su lado, clavados en cruces muy originales los dos ladrones y al pie de la cruz María y Juan.
Como fondo de la escena un paisaje, un castillo y el cielo azul.
En los retablos parroquiales comienzan a colocarse la imagen del Cristo crucificado ( a. 1404).
Esta devoción por la pasión va a tener una incidencia muy fuerte en la espiritualidad de los siglos XVI y XVII por estos motivos. La misa deja de ser un sacrificio de alabanza dirigido por la Iglesia al Padre, para venir a ser la mera representación del calvario; se mira a la hostia consagrada para no morir en ese día; se la pasea triunfante para asegurar una presencia salutífera. El propio misterio de la trinidad es subsumído bajo un signo de la Redención. Es la época de las Trinidades de la piedad, en donde el Padre sostiene a Cristo desclavado de la cruz, sobre la que planea la paloma.

Ayuntamiento de Valdepeñas de Jaén








